Piedra seca al por mayor

Octubre 23, 2008

Las construcciones en piedra seca, esto es, sin argamasas ni cementos, son elementos fascinantes de muchos paisajes agrarios. En especial por su carácter atemporal. Parece que lleven allí miles de años, inmutables… Uno de estos edificios, la “naveta dets Tudons, en Menorca”, está considerado uno de los edificios más antiguos de Europa. Pero nos refreiremos aquí a patrimonios más modestos. Simples chabolas construidas en lugares alejados de los pueblos en las que pastores y, en ocasiones también agricultores, se refugiaban durante algunas épocas del año. Normalmente, estas construcciones no eran permanentemente habitadas, aunque, siempre hay excepciones.

Una de ellas, y muy notable por cierto, es la Vile des Bories , en Gordes (Dep. de Vaucluse, Provenza, Francia). Y es notable porque diversas edificaciones, algunas de gran porte con dos plantas y llamativas cúpulas, ,forman un verdadero pueblo.

Vayamos ahora a la cuestión que interesa al blog. Es evidente que se trata de un elemento patrimonial de peso. También lo es que, siguiendo la tradición francesa, se ha convertido en un objetivo turístico importante, a partir de una cierta recreación de la vida cotidiana en diversos interiores.

También resulta evidente que la propuesta no es exportable, ya que ejemplos de conjuntos de piedra seca como este son muy escasos (si conocéis más, por favor citarlos aquí en el blog!). por el contrario, habitualmente, estas construcciones son pequeñas y están dispersas. A menudo en lugares poco accesibles o directamente, desérticos.

En cuanto a su valor referencial, es relativo, ya que si bien se han relacionado históricamente con una “arquitectura mediterránea”, el caso es que se pueden encontrar en lugares como Gran Bretaña… Tampoco parece cierto que sean obras milenarias. En Francia, por ejemplo, se habla del “siglo de las cabañas”, el XIX naturalmente.

¿Pueden ayudar una serie de pequeñas construcciones, separadas ente sí, a menudo casi ocultas y, que en cualquier caso, difícilmente pueden albergar nada en su interior?. La respuesta, una vez más, no es fácil. Pueden ejercer como hitos, como referencias para la construcción mental de ese paisaje. Pueden incluso, como es el caso, convertirse en un referente cultural de esa bella creación que es el “auténtico paisaje mediterráneo”, o de una parte de la Provence.

Vistas de diversos rincones de la Vile des Bories, que consta de una veintena de edificios.

Pero no puede por sí misma hacer más que eso, actuar como referente. A pesar de ello, en este caso, y como suele ser habitual en Francia, se ha creado un museo de la vida rural queincluye muchos elementos que nada tienen que ver con la vida estacinal en este asentamiento. Y es que la vida de los pastores deja pocos restos de interés. El resultado, una vez más, es un exceso de tematización que, sin embargo, no enturbia la atmósfera insolita que crean estas  “calles”, este paisaje de gris y verde lleno de aromas y de sensaciones contradictoias. es ciertamente hermoso, pero pocas personas podrían, hoy en día,pasar en él más de una par de horas…

Uno de los hermosos edificios de iedra seca, construído con una técnica ciertamente muy depurada, a mediados del s XIX.

Detalle de una de las bóvedas. Tiene algo más de 3 m de altura.


Barns of the Catskills

Julio 31, 2008

Un arquitecto, por formación o por costumbre, cuando mira un paisaje, tiende a imaginar cómo lo podría transformar. Cómo construir, en fin, un paisaje “mejorado”. La tendencia es aún mayor en un ingeniero. Por el contrario, para un geógrafo, la tendencia es la contraria: conservar, congelar, “salvar” los paisajes de una segura destrucción. Destrucción, construcción, dos términos que, analizados en profundidad, a menudo tienen poco que ver con los paisajes, territorios o espacios a los que se refieren. ¿Se destruye el paisaje o se transforma?. Se defiende, ¿de quién? ¿de sus habitantes?. Se protege, se congela..

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“No intervenir”, es decir, dejar el paisaje tal y como lo hemos encontrado en el momento de pensar en actuar sobre él, es una postura poco frecuente, pero algunos buenos ejemplos si existen, como este de “Barns of the Catskills”, que pretende promover el paisaje de los Catskills (Delaware county, NY) sin alterar su aspectoagrícola tradicional, tal y como se debió de consolidar antes de 1950. Bosques y prados están salpicados por numerosas granjas que conservan ese aspecto tradicional. En particular, destacan los graneros y los establos, ya que se pueden distinguir diferentes tipologías adoptadas en diversos momentos históricos o traídas por los inmigrantes.

Barns of the Catskills es una propuesta que pretende dar solución a un problema muy común: la generación de recursos económicos que compensen la limitada rentabilidad de la actividad agrícola. Lo que tiene de original es la manera en que busca interesar al visitante, simplemente contemplando desde la carretera establos y graneros enmarcados en un entorno agrícola en plena actividad. Como se aprecia en el esquema, se trata de recorrer carreteras para apreciar los graneros y otros elementos. Tres vías han sido consideradas directamente com o paisajísticas, dado que ellas el conjunto espacial es más valiosos que los elementos individuales. Algunos de los graneros són públicos y se pueden visitar, otros únicamente se pueden ver desde fuera

El “filtro” económico que ha de permitir que quede dinero de los visitantes en la comarca son unos pequeños mercados rurales que venden productos locales. Los beneficios derivados de la imagen del lugar van también a reforzar la “denominación de origen” de esos productos. Es un caso evidente de aplicación de valores patrimoniales al desarrollo económico.

Resulta también interesante valorar que es lo que se ha considerado como patrimonial. A pesar de que realmente, en esa comarca se dan cita diferentes estilos de construir graneros, la visita incluye graneros de origen relativamente reciente, de los años 30 del pasado siglo. En la imagen podemos apreciar uno de estos graneros, comparado por catálogo en 1935 en los populares grandes almacenes Sears & Roebruck.

En los años 20 empezó a ser habitual entre los dispersos pobladores de la América rural la compra por catálogo. La firma Sears ofrecía prácticamente de todo, incluidas casas y graneros, que una vez edificados parecen, realmente, parte fundamental de un paisaje “tradicional”.


Lowell: ejemplar pero inimitable

Junio 7, 2008

Que la ciudad de Lowell (Massachusetts) es uno de los mejores ejemplos de revitalización de un territorio a partir del patrimonio (industrial) está fuera de dudas. Sin embargo, una serie de factores hacen que, como ejemplo, no sea demasiado válido, ya que es excepcional en muchos aspectos. Como excepcional es el tratamiento que se le ha dado: Lowell es el único “National Park” urbano de EE.UU. Esto quiere decir que recibe generosos fondos federales. Resulta curioso ver a los rangers pasearse por sus calles vestidos como si estuvieran en un bosque. Pero esta excepcionalidad, está justificada por la originalidad del proceso de creación de la ciudad tanto como por su posterior desarrollo.

Su inspirador, Lowell, pensaba en impulsar la industria sin crear un proletariado miserable como el que ya existía en Inglaterra. La receta de sus sucesores fue emplear a chicas jóvenes de la zona, las “Mill Girls” campesinas, que sólo trabajarían en las fábricas durante unos años, para luego regresar a su hogar en el campo. Algunas de estas mujeres dejaron escritos interesantes, cuando no apasionantes, de su vida en la industria. Y estos escritos empezaron a crear, hace más de siglo y medio, la particular imagen de la ciudad.

Uno de los bloques destinados a residencia de las “Mill girls”

Otro factor que la distingue es la gran cantidad de maquinaria en buen estado, funcionando, que se conserva. La maquinaria ha encontrado su lugar en el museo. Se mantiene en activo, y emplea a un grupo de antiguos trabajadores, realimentando positivamente el sistema, ya que el museo se ha convertido en el principal atractivo de la ciudad. Evidentemente, la gran calidad (y cantidad) de material expuesto y las especiales condiciones del museo limitan notablemente la posibilidad de que aparezcan otros museos textiles en las proximidades, incluso en un radio muy amplio.

Otro aspecto interesante es la conservación de los canales. Estos aprovechan el salto natural del río MerrimacK, domesticado ya en los armeros tiempos con el llamado “Pawtucket dam”, sin el cual, la industria nunca habría aparecido. La combinación de los canales con los enormes edificios industriales le dan un aspecto característico a la ciudad. Estas industrias, como la que alberga el museo, concentraban todos los procesos textiles, de la bala de algodón al tejido final, en un único edificio, a diferencia de lo que era habitual por ejemplo en Europa.

El otro factor que singulariza el entorno es el mantenimiento de diversos barrios étnicos que son reflejo de las diferentes oleadas migratorias que revitalizaron la ciudad. El proceso que ha llevado a la valorización de la inmigración como un fenómeno enriquecedor ha tenido su reflejo territorial en un renovado interés por mantener una imagen cuidada, “auténtica”, de cada barrio y, como resultado, del conjunto de la ciudad.

El resultado de la combinación de estos tres factores: una imagen tradicional sólida, una gran cantidad de elementos patrimoniales bien conservados y una buena imagen propia de la población han creado (más bien re-creado) un espacio de gran interés. Una fuente importante de valor añadido que beneficia a las empresas y que permite reinvertir en conservación.

No cabe duda de que Lowell es un hito importante en la utilización del territorio para el desarrollo regional. Como tampoco lo es que hay que ser muy cautos a la hora de toma esta ciudad como un ejemplo a seguir. Ser consciente de las propias limitaciones es siempre importante.