Lowell: ejemplar pero inimitable

Junio 7, 2008

Que la ciudad de Lowell (Massachusetts) es uno de los mejores ejemplos de revitalización de un territorio a partir del patrimonio (industrial) está fuera de dudas. Sin embargo, una serie de factores hacen que, como ejemplo, no sea demasiado válido, ya que es excepcional en muchos aspectos. Como excepcional es el tratamiento que se le ha dado: Lowell es el único “National Park” urbano de EE.UU. Esto quiere decir que recibe generosos fondos federales. Resulta curioso ver a los rangers pasearse por sus calles vestidos como si estuvieran en un bosque. Pero esta excepcionalidad, está justificada por la originalidad del proceso de creación de la ciudad tanto como por su posterior desarrollo.

Su inspirador, Lowell, pensaba en impulsar la industria sin crear un proletariado miserable como el que ya existía en Inglaterra. La receta de sus sucesores fue emplear a chicas jóvenes de la zona, las “Mill Girls” campesinas, que sólo trabajarían en las fábricas durante unos años, para luego regresar a su hogar en el campo. Algunas de estas mujeres dejaron escritos interesantes, cuando no apasionantes, de su vida en la industria. Y estos escritos empezaron a crear, hace más de siglo y medio, la particular imagen de la ciudad.

Uno de los bloques destinados a residencia de las “Mill girls”

Otro factor que la distingue es la gran cantidad de maquinaria en buen estado, funcionando, que se conserva. La maquinaria ha encontrado su lugar en el museo. Se mantiene en activo, y emplea a un grupo de antiguos trabajadores, realimentando positivamente el sistema, ya que el museo se ha convertido en el principal atractivo de la ciudad. Evidentemente, la gran calidad (y cantidad) de material expuesto y las especiales condiciones del museo limitan notablemente la posibilidad de que aparezcan otros museos textiles en las proximidades, incluso en un radio muy amplio.

Otro aspecto interesante es la conservación de los canales. Estos aprovechan el salto natural del río MerrimacK, domesticado ya en los armeros tiempos con el llamado “Pawtucket dam”, sin el cual, la industria nunca habría aparecido. La combinación de los canales con los enormes edificios industriales le dan un aspecto característico a la ciudad. Estas industrias, como la que alberga el museo, concentraban todos los procesos textiles, de la bala de algodón al tejido final, en un único edificio, a diferencia de lo que era habitual por ejemplo en Europa.

El otro factor que singulariza el entorno es el mantenimiento de diversos barrios étnicos que son reflejo de las diferentes oleadas migratorias que revitalizaron la ciudad. El proceso que ha llevado a la valorización de la inmigración como un fenómeno enriquecedor ha tenido su reflejo territorial en un renovado interés por mantener una imagen cuidada, “auténtica”, de cada barrio y, como resultado, del conjunto de la ciudad.

El resultado de la combinación de estos tres factores: una imagen tradicional sólida, una gran cantidad de elementos patrimoniales bien conservados y una buena imagen propia de la población han creado (más bien re-creado) un espacio de gran interés. Una fuente importante de valor añadido que beneficia a las empresas y que permite reinvertir en conservación.

No cabe duda de que Lowell es un hito importante en la utilización del territorio para el desarrollo regional. Como tampoco lo es que hay que ser muy cautos a la hora de toma esta ciudad como un ejemplo a seguir. Ser consciente de las propias limitaciones es siempre importante.


Tempelhof, el edificio

Mayo 16, 2008

Quedaba hablar del edificio principal del aeropuerto, que debía resultar ciertamente desporporcionado en aquel tiempo. De arquitectura moderna, racionalista pura y dura, hay quien dice que está entre las construcciones más grandes de Europa.

Esta imagen ciertamente desoladora del aeropuerto a finales de 1945da una idea de las proporciones del edificio y de lo que este debió de representar en su época. (tomada de Google Earth)

No será fácil resolver el problema habitual de, una vez recuperado, destinarlo a un uso social o económicamente rentable.


Tempelhof: un referendum para la conservación

Abril 27, 2008

No es muy corriente que un aeropuerto sea considerado un espacio patrimonial. Y aunque lo fuera, el hecho de que normalmente ocupe una gran extensión en las proximidades de una ciudad, haría difícil mantener su carácter patrimonial, a no ser que fuera dándole un uso rentable. Este es sin embargo el caso del aeropuerto de Tempelhof, en Berlín.

Inaugurado en 1923 al sur de la ciudad, quedó dentro del Berlín Occidental en 1945. Su popularidad o incluso, su principal valor histórico, le viene dado porque en 1948-49 sirvió de término al importante puente aéreo que los Aliados mantuvieron para proveeer de artículos de primera necesidad a la población de Berlín Occidental durante el bloqueo que le impuso por tierra el gobierno comunista.

En estos días se ha celebrado un referendum, “no vinculante”, para intentar perpetuar el aeropuerto que, ahora mismo, como aeropuerto regional, sufre importantes pérdidas económicas. FInalmente, sólo el 21% de los berlineses ha votado a favor de mantenerlo como aeropuerto. Se requería un mínimo del 25% para “escuchar” la propuesta. Es fantástico que se pregunte a la gente por cuestiones patrimoniales, ya que en el fondo, patrimonio no tiene otro valor que aquel que le demos los que nos relacionamos con él. Es una lástima, por contra, que se pierda tan singular espacio, que marcó la historia de la ciudad que quiso ser la más moderna en los años 20, la más poderosa en los 30, y que fue una de las que más sufrió en los 40.

Sus instalaciones, grandiosas y de cuidado diseño son viva expresión del mundo moderno y feliz en el creían las vanguardias de la modernidad. Su proximidad al centro se explica en parte por el menor tamaño de los aviones en los años 20, pero en cualquiera caso nos parece hoy sorprendente e ingenua. Sus creadores creían en los cambios que la aviación iba a generar, en la futura facilidad de la interfaz aire-tierra, en los nuevos conceptos para el diseño urbano que de ella se desprendían. Aunque la historia del propio aeropuerto parezca haberles quitado la razón, nos quedan documentos abundantes para la reflexión. Sin ir más lejos, el plano de instalaciones de hacia 1949, que muestra una sorprendente imbricacición de diveros usos en un espacio reducido, como requería el caso para una ciudad aislada y próxima a verse de nuevo cerrada por una “muralla”. Destacan tanto los cementerios como la proximidad del ferrocarril y,  sobre todo, de los edificios a las pistas