Barns of the Catskills

Julio 31, 2008

Un arquitecto, por formación o por costumbre, cuando mira un paisaje, tiende a imaginar cómo lo podría transformar. Cómo construir, en fin, un paisaje “mejorado”. La tendencia es aún mayor en un ingeniero. Por el contrario, para un geógrafo, la tendencia es la contraria: conservar, congelar, “salvar” los paisajes de una segura destrucción. Destrucción, construcción, dos términos que, analizados en profundidad, a menudo tienen poco que ver con los paisajes, territorios o espacios a los que se refieren. ¿Se destruye el paisaje o se transforma?. Se defiende, ¿de quién? ¿de sus habitantes?. Se protege, se congela..

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“No intervenir”, es decir, dejar el paisaje tal y como lo hemos encontrado en el momento de pensar en actuar sobre él, es una postura poco frecuente, pero algunos buenos ejemplos si existen, como este de “Barns of the Catskills”, que pretende promover el paisaje de los Catskills (Delaware county, NY) sin alterar su aspectoagrícola tradicional, tal y como se debió de consolidar antes de 1950. Bosques y prados están salpicados por numerosas granjas que conservan ese aspecto tradicional. En particular, destacan los graneros y los establos, ya que se pueden distinguir diferentes tipologías adoptadas en diversos momentos históricos o traídas por los inmigrantes.

Barns of the Catskills es una propuesta que pretende dar solución a un problema muy común: la generación de recursos económicos que compensen la limitada rentabilidad de la actividad agrícola. Lo que tiene de original es la manera en que busca interesar al visitante, simplemente contemplando desde la carretera establos y graneros enmarcados en un entorno agrícola en plena actividad. Como se aprecia en el esquema, se trata de recorrer carreteras para apreciar los graneros y otros elementos. Tres vías han sido consideradas directamente com o paisajísticas, dado que ellas el conjunto espacial es más valiosos que los elementos individuales. Algunos de los graneros són públicos y se pueden visitar, otros únicamente se pueden ver desde fuera

El “filtro” económico que ha de permitir que quede dinero de los visitantes en la comarca son unos pequeños mercados rurales que venden productos locales. Los beneficios derivados de la imagen del lugar van también a reforzar la “denominación de origen” de esos productos. Es un caso evidente de aplicación de valores patrimoniales al desarrollo económico.

Resulta también interesante valorar que es lo que se ha considerado como patrimonial. A pesar de que realmente, en esa comarca se dan cita diferentes estilos de construir graneros, la visita incluye graneros de origen relativamente reciente, de los años 30 del pasado siglo. En la imagen podemos apreciar uno de estos graneros, comparado por catálogo en 1935 en los populares grandes almacenes Sears & Roebruck.

En los años 20 empezó a ser habitual entre los dispersos pobladores de la América rural la compra por catálogo. La firma Sears ofrecía prácticamente de todo, incluidas casas y graneros, que una vez edificados parecen, realmente, parte fundamental de un paisaje “tradicional”.


Carboneres del Puig Galatzó, Mallorca

Noviembre 30, 2007

La producción de carbón vegetal tuvo gran importancia en los inicios de la revolución industrial, especialmente en aquellas regiones que, como la mayor parte de la costa mediterránea, no tenían recursos mineros. El sistema de producción se basaba en una pira de leña de forma cónica que se cubría con tierra y se prendía, de manera que la leña combustía parcialmente en un ambiente sin oxígeno, dando como resultado el preciado carbón vegetal. Este era transportado después a lomos de caballerías hasta las ciudades y también, cuando existían, hacia las fábricas. Se puede consultar una explicación detallada del proceso aquí, si bien, se refirere a un bosque húumedo. En la isla de Mallorca, como en el resto de la costa mediterránea, se consumía en particular la madera de encina. Los encinares de la Serra de Tramuntana abundan en restos de esta industria. En particular, han pervivido las cabañas de piedra seca y las propias carboneras, en decir las bases circulares sobre las que se apilaba la leña.La vertiente septentrional del Puig Galatzó, cubierta de un frondoso bosquede encinas, es un verdadero museo al aire libre de esta actividad, en el que podemos hallas algunas decenas si no centenares de carboneras,

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Cuatro años atrás una tormenta de extraordinaria intensidad azotó está zona, y dejó un gran número de troncos de árbol tirados por tierra. Gran parte de estos fueron talados y permanecen, abandonados, en las proximidades de las carboneras. No es este un espacio susceptible de ser reflejado en una fotografía. La imagen plana sería a penas una caricatura. Es necesario recorrerlo, en toda la intensidad de su caos vegetal que, con los montones de madera cortada distribuidos sin ningún orden, parecer rememorar los tiempos en que la explotación estuvo activa. Pero ahora, en concreto, nos interesa como un buen ejemplo de reflexión sobre dos cuestiones relevantes:

1ª Como sucede con otros recursos, existen muchos ejemplos de carboneras en similar estado de conservación. En la propia Serra de Tramuntana, y también en otros lugares. ¿Qué justificaría una intervención, tipo centro de interpretación o similar, allí y no en otro lugar?¿La densidad del recurso?¿La calidad?¿La localización adecuada respecto a otros recursos?.Una tal acumulación de patrimonio en un entorno privilegiado y, sin embargo, se abren muchas dudas sobre su posible utilidad. De actuar en este lugar, nos veríamos obligads a construir, previamente, la justificación de tal actuación. Es decir, a construir una “imagen” que realce la excepcionalidad del recurso.

 

2ª ¿Tiene sentido recuperar el ámbito sin recuperar la actividad que lo creó?. En realidad los restos visibles son poco relevantes, a penas las bases de piedra seca y los restos de la cabaña. Pero en su estado actual, más interesante que los restos resultan las relaciones existentes entre estos y el entorno inmediato, un bosque de encinas en plena recuperación. La propia recuperación del bosque niega la actividad tradicional que “construyó” este espacio. Un dilema. Hay que subrayar el hecho de que aquí, en el Galatzó, la explotación debió de tener un carácter bastante racional, ya que de otra manera no habría sido posible mantener tal densidad de explotaciones.

En cualquier caso, sin actividad, en este caso, prácticamente no hay patrimonio. Una propuesta evidente es la recuperación de la actividad, con carácter simbólico. Bien un día al año como festividad, bien como taller educativo. Parece que se hace necesaria alguna solución más imaginativa.